05/06/2007



Flagrancia, Azael Rodríguez Miranda


He venido, Fuensanta, a ofrecerte un silencio con mala caligrafía,
a establecer montañas donde el viento sabe ya caminar
[con los ojos cerrados.
Sin aguardar al invierno (que instituye ciertos rigores para pacificar
[a las orquídeas),
he venido.

Yo deseaba escribir un poema que sólo pudiera leerse
[hacha en mano,
pero ahora que te veo entre flamboyanes y te sé a pesar de todo
[esencialmente marítima,
solitaria en la ceremonia donde un minuto envejece con cuidado
[en la intemperie,
hecha de luz, de aerolito, de pan
(y te observo como un fantasma vendado de niebla, enharianado
[por la luna),
ahora, te digo, desearía ignorar mis deficiencias en materia
[de puestas de sol y barcos,
poblándote de alondras (por ejemplo); pero sería preciso armarse
[de estratagemas a los cuales no me siento destinado.

(Tu ausencia es un hosco domicilio.
Y mientras no estabas he extraviado unos cuantos osos polares.)
Te hablaría de los apresuramientos que practicó el verano
[con tus huesos,
o te diría con un gesto cuidadosos y distraído "los duraznos
[se parecen a ti".
Quizá debería comenzar por las caminatas que pudimos ejercer
[en cualquier laberinto desocupado,
si yo hubiera sido "de otro modo".

(Si pudiera recordar con desparpajo los tiempos en que
mi voz era para ti una lámpara
suspendida
en la transparencia,
pero el azar es el idioma con el que Dios se dirige a los hombres
[y tú llevas mis descuidos en el pecho
como las medallas de un general retirado.)

Mejor un sitio con estatuas en donde tu alborozo pueda estirar
[las piernas,
y en el que yo me deje ver de vez en cuando con mis
[descomposturas mañosamente disfrazadas
-cuando los grillos hayan comenzado a poblar la noche de informes
[secretos, probablemente falsos.


De Informe para Fuensanta (Hermosillo: ISC, 2001)




(Tres imágenes de Oaxaca: un poema estupendo, un esténcil y un cielo anochecido)